Deep Ñuñoa
Al santiaguino medio le gusta Ñuñoa. En su cabeza, Ñuñoa son casas con jardines, calles arboladas, emporios y picadas, señores de la tercera edad que viven a plenitud sus últimos años leyendo en el parque. Un lugar digno y diverso para criar a los hijos y transformarse en una familia donde los padres no son trabajólicos, donde las madres siempre te esperan con onces, donde los niños aún juegan felices en las plazas. Donde Diamela y Jorge reciben a sus visitas y les sirven Arci-Cola mientras hablan de Heidegger. Una vida de provincia imaginada por alguien que no ha tenido la desgracia de venir de la provincia.
La vida ñuñoína se caracteriza en otras palabras, por vivir adentro de tu casa, en tu patio, aburriendo a tus hijos con historias de clase media gloriosa, haciéndoles creer que en la Tostaduría Talca venden golosinas, eligiendo a Sabat (“papi”) como alcalde.
Porque Ñuñoa no es la Villa Olímpica ni el Estadio Nacional. Ñuñoa para el ñuñoino es el deep Ñuñoa, esas calles a las que se llega sin metro. El ñuñoíno inventó hartas cosas que ahora se usan en todas partes: el uso indiscriminado del auto, el número de la casa pintado a mano en un azulejo, el sacar a los universitarios del barrio a fuerza de subir los precios de los copetes, los talleres artísticos como empleo para el artista cesante, los lofts en los 90′s, y los bares feos con onda.
¿Se acuerdan cuando Ñuñoa era la comuna joven? ¿La comuna Zona de Contacto? ¿Cuando era ÑUÑORK? Podría haber perdón, pero jamás, jamás en este blog resentido, habrá olvido.
Podríamos decir que existe un “discurso ñuñoíno”: por ejemplo, no leer LUN, no darle colorantes a los niños, ser amigos de la Paulina y el Augusto, recordar los años en el campus oriente, y principalmente, mirar en menos a los gileh que viven en Las Condes, porque el ñuñoíno se encuentra de clase media pero siempre se compara con Las Condes, y dice, Ñuñoa no es como Las Condes, hay vida de barrio y la cacha de la espada, mientras un espalda mojada lo mira desde el piso 16 de la torre de DFL2 de InverPaz, o sea, atroz la gallada que se viene a vivir al barrio, echan abajo una casa linda de otro fiel ñuñoino que la vende y hacen un edificio donde viven 500 personas (que nadie osaría llamar rotos pero que igual no son gente del barrio).
Y dale con que la Plaza Ñuñoa tiene onda si es OBVIO que es el lugar donde los gerentes de medio pelo llevan a las amantes para pasar piola, los tragos son baratos así que se curan más económico. Mención aparte merece Las Lanzas, donde los panes son terribles de chicos y la mechada reseca, los fanshop son minúsculos y los meseros pesados pero tiene cualquier onda, cáchate que ahí se le ocurrió la última novela a Zutano y Merengano es fiel porque el chancho con puré picante es la raja y de ahí DERECHITO parte a votar por MEO porque puta qué es choro ese weon.
En fin. No a la vida de barrio. No a la ñuñoización del resto de Santiago.
Publicado por CNR el 04 de diciembre de 2009, a las 17:00 hrs.
Categoría: El rubio al día | Etiquetas: colaboró Elei, ñuñoino lloron, ñuñork los patúos, soy vecina de la blanca y la sigrid, vida de barrio/no hay roto
104 COMENTARIOS »



