El periodismo papurri
Julio César Rodríguez es como el “Negro” Piñera del periodismo. Un gordito pasado de revoluciones, con alta estima de sí mismo, con una capacidad enorme para pasearse por la transversalidad de intereses y escurrirse con vaselina siempre para salir bien parado; con una predilección especial por “la minita”, el automóvil choreza y la ropa de marca, con el patetismo de creer que con ello pueden esconder sus kilos demás y una personalidad de menos.
Al menos el “Negro” es un auto reconocido zángano de su hermano Sebastián. Julio César, en cambio, le gusta gozar de logros profesionales dudosos, que le dan la arrogancia suficiente para embolinarse la perdiz y olvidar que, como ayer en su programa, se ha convertido en un fantoche servil de la autoridad de turno.
Es que la entrevista con la ministra de cultura Paulina Mellafe Urrutia fue como planificada por Sor Teresita. Así, los desprevenidos telespectadores no solo tuvimos que mamarnos una escenografía de cartón piedra y un monólogo que suponemos debe ser sagaz, sino que también la obsesión de algunos periodistas chilenos (Lamadrid es periodista?) de sacar el “lado humano” de los entrevistados, como si fueran robots o el público tonto y no sospechara que lloran, tiran y cagan.
Pero lo más insoportable de este tipo de periodismo, es cuando se usa como excusa para no tocar EN NINGÚN MOMENTO temas que verdaderamente den pistas de la personalidad del entrevistado. Que lo pongan en una posición tal que no aprieten el play para decirnos lo buena onda que son. Digamos, Julio César, en vez de preguntar si la ministra se echaba crema en la noche (en el más cruel de los SIC), sería excelente haberle preguntado sobre cómo manejaba las presiones de los artistas en su mandato, no sé, por ponerte una cantada.
No. Como un poodle faldero y gordito que mueve la cola ante la menor atención de un extraño, Julio César tomó la actitud tristemente bobalicona al ser celebrado por su entrevistado, aludiendo a que se siente “cómodo” con las preguntas. Cómo no sentirse así, cuando al frente –y no importando que esté en un canal de tv cable perdido– Julio César prefiere el lavado de imagen que el periodismo en serio.
Lo peor es que me imagino que después de la entrevista, ya tarde en el camarín, Rodríguez se debe haber mirado en el espejo y se debe haber dicho: ¡Grande papurri!
Publicado por la lectora aburrida el 24 de octubre de 2008, a las 15:29 hrs.
Categoría: El rubio al día | Etiquetas: julio césar rodriguez, paulina urrutia, periodismo servil, perrito faldero
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