El cuico, intrucciones de uso, parte V: El cuico y las drogas
No deja de llamarme la atención que cada vez que voy a un recital en un lugar cerrado, cierta gente enciende un pito. Como que no les da para cachar que el avisito de “No fumar” incluye la mariguana. Por un asunto de seguridad, digo yo, por último. Pero al volaito no hay que pedirle muchas sinapsis.
Vamos a lo nuestro. Si usted quiere pegarse una volada piola, no vaya donde un cuico. Ellos no son piolas, como uno que se fumaba un pito a las mil quinientas para tener la peor de las pálidas de pura culpa. No no y no.
El cuico le cuenta a medio mundo que se fuma su pito, publica en todas partes que está shuper loco, nos anuncia por altavoces que está super volao.
No son piolas. Suelen enfrascarse en discusiones sobre lo buenas que son las drogas, y miran en menos a los que no las consumen, con la cara de autoridad de siempre pero peor. El cuico con drogas es como un cuarentón con auto nuevo, uno no sabe si buscan quebrarse o simplemente necesitan urgente la aprobación del otro.
Igual, ellos andan con su pito porque ellos saben, al final, que tienen más derechos que los hijos de vecino que se arrejuntan en las esquinas a darle a la pasta. Porque lo dejan fácilmente, principalmente porque se meten la mitad de las cosas que dicen que se meten. Porque en general, son pura boca.
Ni hablar de las drogas de las élites: el ácido, el éxtasis y tantas otras que no conozco porque están a mil años luz de nuestra realidad, aquella que dice que para pasarlo bien nos basta con unos copetes. El cuico volaito no, él para pasarlo bien necesita usar la mesada para acceder a un estado de conciencia alterado que sólo la droga te puede dar.
¿Salir de su dura realidad? Gracias al volaito de barrio alto se inventó el concepto de drogas recreativas, o sea para pasarlo shuper bien. Para no pensar y de pasadita dar una imagen de chico (a) transgresor (a) en estado reversible. Es más que tirar la piedra y esconder la mano. Es tirarse una piedrita chiquitita a si mismo y para callao.
Pero el cuico es cuico con sus neuronas buenas o malas. En la mejor de las voladas sabe el quién es quién por el uso de la droga. No es lo mismo su buen paraguayo que un éxtasis entregado en la mano por el DJ en boga. No es lo mismo una cola chupeteada que vomitar en San Pedro de Atacama al ritmo de la electrónica.
Ya lo sabe, su consumo de drogas ilícitas no lo lleve a cabo con un cuico. Mientras usted le manda y le manda, el cuico hace como que le manda, pero luego se va feliz para su casa; y usted, que ni siquiera le da para “rehab” deberá aguantarse los chicotazos de su abueli o su mami cuando llegue con los ojos colorados a la casa.
Publicado por CNR el 01 de octubre de 2008, a las 14:51 hrs.
Categoría: Oligarquía hoy | Etiquetas: droga, soy shuper loco
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