Los ciento y tantos días de Piñera
Piñera, acostumbrado a instalarse en los resquicios de la legalidad, donde hizo su fortuna, continua fiel a su estilo.
Su modus operandi es colarse por toda rendija posible y devorar las entrañas del lugar donde se aloja. Piñera es un moho. Un moho que flota en la atmósfera y se instala en el mejor huésped que puede encontrar. Es un hongo instalado un día en un liberal de tomo y lomo, el otro en un pechoño regocijado en su Señor Jesucristo, el otro en un Presidente cercano y magnánimo.
Nuestro Presidente es un moho verde que se mete en los pulmones: van a desear que el smog ahogue vuestro aparato respiratorio cuándo ese polvillo caústico se haya adueñado de los medios, de la salud, de la geografía.
Al moho no le interesa comunicarse, por eso es común que todo el mundo en su Gobierno diga lo que quiera en la impunidad completa. El moho hace su trabajo por caminos silenciosos. Las críticas acerca de lo que dijo o lo que no dijo le tienen sin cuidado. Pensemos con lógica de fungus chilenae: tal vez esas críticas que arrecian ante los “errores comunicacionales” sean trampas odoríferas que el moho usa para acercar a sus víctimas e invadirlas para carcomerlas.
Cuando acabe su mandato, La Moneda se verá igual, pero no se engañen, sólo será un cascarón. El resto, se lo habrán comido esas termitas estúpidas y de pobres entendederas que no han dejado -por siglos- que nada crezca en esta fértil provincia.
Publicado por CNR el 19 de julio de 2010, a las 16:13 hrs.
Categoría: Chile país generoso, General | Etiquetas: conflictos de interés, errores comunicacionales
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