Patina Chile! por acá sí que va la cosa!
Publicado por CNR el 06 de septiembre de 2008, a las 12:56 hrs.
Categoría: Chile país generoso | Etiquetas: patina chile, transantiago
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¿Dónde rezarán las niñas?
Vida y religión según mi laica existencia. A continuación, una agrupación rápida y breve de niñas religiosas en mi vida:
1. Las pertenecientes al EJE:
Ochentero y muy acorde a escuela laica. El paradigma del marketing 1.0: ser un secreto a voces. Una especie de grupo buena onda religioso, para niños y jóvenes, que se escudaba en el rumor para su pseuda popularidad. Por ejemplo (imagínese a la lectora aburrida con mocasín Pluma rosado y su regio polerón de Mickey):
elei: oye, juntémonos el sábado?
niña EJE: no, que no puedo. Es que tengo reunión del EJE*.
elei: EJE? Y qué es eso?
niña EJE: ah, es que no te puedo decir…. El EJE tenís que vivirlo.
Sí, porque la única instrucción para pertenecer al EJE era no hablar del eje. ¿Club de la Pelea? ¡Mis polainas! El EJE en los ochentas ya tenía un doctorado en reglas absurdas y en gente que se engrupía. Lo cierto es que con Tardes de Cine en la tv, la niña EJE encontraba su panorama los fines de semana y se rodeaba de cierta mística que a la chilena común como una, ni la naturaleza ni la historia le daban. Con los conservadores y el fantoche de Pinochet en el gobierno, la niña del EJE abandonaba el movimiento solo para asumir las responsabilidades debidas a que poco se dedicó a informarse y más a vivir el EJE: quedó embarazada. No está demás decir que para muchos católicos, el EJE era una picantería cristiana propia del profe pobre de religión.
2. Las pertenecientes a schoenstatt:
Con los noventas, elei se cambió de ciudad y también de recinto educacional. Esta vez, en plena crisis asiática, su colegio de señoritas se llenó de hijas abandonadas por el jaguar que ya se veía lejos. Así las cosas, el panorama se dividía en: la ex niña cuica wannabe (la hija del inmigrante, prototípicamente) y la niña con ínfulas de plata (la hija de marino, por ponerte). Ambos grupos -rechazados por otros movimientos religiosos debido a su origen o su ahora escueta billetera- fueron arrastrados por el movimiento schoenstatt.
La niña de schoenstatt se iba a reunir con otros jóvenes cada tarde en las dependencias del movimiento, a reflexionar sobre cosas de la vida, llámese amor, prójimo, virginidad. Ya sin secretos como el EJE, la niña de schoenstatt se ufanaba de su creencia y del perfil de entrega de la congregación. De acá salen los primeros intentos de conciencia social cuando la niña schoenstatt sale a los puentes a darle comida a los vagabundos. Y entre reflexión y reflexión, conocía a un pololo de graduación y a un puñado de mejores amigas que olvidaba en la universidad (porque la niña de schoenstatt estudiaba y no se casaba derechamente como otras), pero que siempre -siempre- rememora nombrándolas con el nombre y apellido: la Caro Pegnolotti, la Fran Ramírez, la Claudia Sandoval**… Finalmente, la niña de schoenstatt abandonaba el movimiento cuando, influenciada quizás por el caso Clinton, se enteraba que la felatio al pololo era para Dios lo mismo que el coito vaginal.
*Pronunciar con la jota casi ge.
** Braulio’s tip. Los nombres son inventados.
Publicado por la lectora aburrida el 05 de septiembre de 2008, a las 17:50 hrs.
Categoría: Chile país generoso | Etiquetas: el EJE, la niña religiosa, schoenstatt
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Ataúdes perfectos (Soy TG y estoy de vuelta)
Vengo aterrizando de mi gira por el Himalaya en apoyo a las etnias azotadas por el comunismo chino. Me recibieron estupendamente, en cuanto llegué me dieron trato especial, me subieron a un Yak (o como quiera que se escriba el nombre de esas vacas lanudas) y confeccionaron un canastito para treparme por los acantilados aprovechando que no sufro de vértigo sino todo lo contrario. Recorrí valles, cumbres, riscos y peñascos. Visité poblados, villorrios, templos y caseríos para sumergirme en ese misticismo perdido, ese no sé qué oriental con el que uno se siente bien en esas sociedades en las que los siglos no significan nada excepto tranquilidad con uno mismo y con el “corpus social”, como dicen los que saben (porque la que sabe, sabe). En síntesis todo bien miserable. Me recordó a Los Queñes en los tardíos setenta. Hice mi informe para Se Siente Rubio Sin Fronteras y deslicé que la prioridad número uno era poner una discoteque en Lhasa. La religión efectivamente es el opio del pueblo, y entre rezar y bailar no hay donde perderse. El Dalai Lama ya ha hecho suficiente daño con su tiránica buena onda naranja
La idea de paz infinita es un poco perversa, perturbadora, agujona. Medio nazi. Como la idea del muerto bueno, y de que los buenos se van al cielo (como los perritos) y los malos nos quedamos aquí mordiendo el polvo o algo peor. En un año en Chile hemos sido sumergidos a la fuerza en tres funerales colectivos: El del aviador del sur, el de mi general Bernales y el de las rubias de Putre. Haciendo un salto cuántico, arbitrario, inesperado, injusto y por lo tanto altamente arriesgado podríamos decir que algo huele a muerto, a corona de flores, al azote del sufrimiento ajeno como tema que se usa como cola de pegar, como neoprén para que todos nos sintamos parte de algo que no nos gusta y que sólo existe cuando hay un ataúd de por medio. Hago el salto. Entre los diez candidatos a grandes chilenos hay tres suicidios técnicos (Violeta Parra, Arturo Prat, Salvador Allende) otros tantos fusilados en tanto amenza para el Estado (Carrera, Manuel Rodríguez, Víctor Jara) y una autodesterrada que detestaba su país (Mistral). Si el muerto es chileno, es bueno. Mejor si fue en una tragedia. Porque debe ser un muerto con alharaca y últimamente estar acompañado por el testimonio cercano que nos da seguridad de que era bueno, que rezaba harto, iba a misa y creía en Dios porque morirse no se trata de otra cosa sino de ser convocado a unirse al bando de los intachables. El familiar entonces se resigna, encuentra sentido, ofrece el sufrimiento y nos enseña al resto ( a los que no tienen una hoja de vida intachable, los que no rezan, los rabiosos, disconformes, resentidos) una forma de vida adecuada, una pena en la estética de Warnken, transformando la tragedia en cursilería. Por eso la muerte del honorable en afanes parejeros es un alivio. Morir tirando a la mala es cochino y, por lo tanto, humano. Más humano que los santos exprés que tienen algo tan falso como perverso.
Publicado por Tanto Gusto el 04 de septiembre de 2008, a las 13:05 hrs.
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