Ataúdes perfectos (Soy TG y estoy de vuelta)
Vengo aterrizando de mi gira por el Himalaya en apoyo a las etnias azotadas por el comunismo chino. Me recibieron estupendamente, en cuanto llegué me dieron trato especial, me subieron a un Yak (o como quiera que se escriba el nombre de esas vacas lanudas) y confeccionaron un canastito para treparme por los acantilados aprovechando que no sufro de vértigo sino todo lo contrario. Recorrí valles, cumbres, riscos y peñascos. Visité poblados, villorrios, templos y caseríos para sumergirme en ese misticismo perdido, ese no sé qué oriental con el que uno se siente bien en esas sociedades en las que los siglos no significan nada excepto tranquilidad con uno mismo y con el “corpus social”, como dicen los que saben (porque la que sabe, sabe). En síntesis todo bien miserable. Me recordó a Los Queñes en los tardíos setenta. Hice mi informe para Se Siente Rubio Sin Fronteras y deslicé que la prioridad número uno era poner una discoteque en Lhasa. La religión efectivamente es el opio del pueblo, y entre rezar y bailar no hay donde perderse. El Dalai Lama ya ha hecho suficiente daño con su tiránica buena onda naranja
La idea de paz infinita es un poco perversa, perturbadora, agujona. Medio nazi. Como la idea del muerto bueno, y de que los buenos se van al cielo (como los perritos) y los malos nos quedamos aquí mordiendo el polvo o algo peor. En un año en Chile hemos sido sumergidos a la fuerza en tres funerales colectivos: El del aviador del sur, el de mi general Bernales y el de las rubias de Putre. Haciendo un salto cuántico, arbitrario, inesperado, injusto y por lo tanto altamente arriesgado podríamos decir que algo huele a muerto, a corona de flores, al azote del sufrimiento ajeno como tema que se usa como cola de pegar, como neoprén para que todos nos sintamos parte de algo que no nos gusta y que sólo existe cuando hay un ataúd de por medio. Hago el salto. Entre los diez candidatos a grandes chilenos hay tres suicidios técnicos (Violeta Parra, Arturo Prat, Salvador Allende) otros tantos fusilados en tanto amenza para el Estado (Carrera, Manuel Rodríguez, Víctor Jara) y una autodesterrada que detestaba su país (Mistral). Si el muerto es chileno, es bueno. Mejor si fue en una tragedia. Porque debe ser un muerto con alharaca y últimamente estar acompañado por el testimonio cercano que nos da seguridad de que era bueno, que rezaba harto, iba a misa y creía en Dios porque morirse no se trata de otra cosa sino de ser convocado a unirse al bando de los intachables. El familiar entonces se resigna, encuentra sentido, ofrece el sufrimiento y nos enseña al resto ( a los que no tienen una hoja de vida intachable, los que no rezan, los rabiosos, disconformes, resentidos) una forma de vida adecuada, una pena en la estética de Warnken, transformando la tragedia en cursilería. Por eso la muerte del honorable en afanes parejeros es un alivio. Morir tirando a la mala es cochino y, por lo tanto, humano. Más humano que los santos exprés que tienen algo tan falso como perverso.
Publicado por Tanto Gusto el Jueves 04 de septiembre de 2008, a las 13:05 hrs.
Categoría: Chile país generoso |
10 COMENTARIOS »




además que éramos muchos los que les deseamos la muerte a nuestros parlamentarios. a lo mejor el lenguaje sí crea realidades.
como dice mi sicoanalista, los hindúes y Jason Lee en su personaje de Earl:
has cosas buenas y cosas buenas pasarán.
Si piensas en cosas malas, las cosas malas pasan a tu alrededor.
Les tinca un cajón oruga verde y blanco???
caben como 300 y hacemos un puro funeral y se acabó el hueveo
saludos
El lanzazo español a Lautaro es un fusilamiento técnico.
el santo express es como filial de San Expedito
warnken escribe bien cursi pa leer todo lo que nos dice que ha leído:
“Elisa, María de los Ángeles, Trinidad, Valentina, Eloísa, y las dos Bernarditas y las dos Magdalenas. ¡Qué hermosos nombres! Nunca las conocí, flores de una primavera temprana, cuya vitalidad, pureza y alegría las hizo ser las siemprevivas de los que las amaban. No las conocí, pero sus prematuras partidas me duelen como si fueran las de mis propias hijas”.
Acabo de comer una once súper dulce y elei me cita a Warnken hablando de las blondas de Putre.
milana acaba de ser victima de “la belleza de güitrear”
Por fin tanto gusto… te he rastreado
oh qué miedito.
uy… si, suena a:
“… Uy que rico encontrarte, eventualmente tendré que matarte, pero que rico leerte…”